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#22 El vendedor de sueños

Esperando al tren se me acercó un tipo bastante raro, al que nunca había visto en mi vida y de la nada misma se paró adelante mío y me hizo una oferta:

—¿Querés sueños?

Me quedé quieto, mirándolo como se lo mira a un loco.

—¿Querés sueños o no? —me insistió. —No te entiendo —le respondí, seco. —Vendo sueños. Sueños de los que soñamos cuando dormimos, no de los otros. Y como veo que te quedaste sin sueños… te ofrezco algunos. Tengo un pack de cinco, que incluyen tres sueños lindos, una pesadilla y uno… —¿Me quedé sin sueños? —me salió de la boca sin pensar lo que estaba diciendo. —Sí, se te agotaron. ¿Hace cuánto no comprás? —Nunca en la vida compré un sueño —respondí, sin entender por qué estaba teniendo esa conversación. —Se ve entonces que se te agotaron los que vienen de fábrica.

Me quedé en silencio, empezando a acumular un poco de bronca por la tomada de pelo. El hombre me miraba fijo, como esperando una respuesta.

—Mirá, te reconozco que es una manera ingeniosa de pedir plata… —¿Pedir plata? ¡No! ¡Soy un comerciante! ¿Hace cuánto no soñás? —No sé, no me acuerdo de la última vez que soñé. —¡Viste! Escuchá estas ofertas. El pack de cinco, que incluye tres sueños lindos, una pesadilla y uno más o menos, sale quinientos. El de diez, que trae cinco buenos, tres eróticos y dos pesadillas, está ochocientos. Después tengo más…

Miré al cartel de la estación y vi que todavía faltaban tres minutos para que llegara mi tren, así que decidí seguirle la corriente para hacer correr el tiempo.

—¿No hay un pack sin pesadillas? —Hay, pero vienen de afuera y ahora no están entrando. —¿Tenés MercadoPago? —pregunté, casi en tono de chiste. —¡Obvio! Mercado Pago, tarjetas de crédito y débito, transferencia bancaria, y efectivo. Ah, y cripto también acepto ahora. —Y… ¿cómo me das los sueños? Es decir, ¿cómo me los llevo? —Se te cargan automáticamente. Si tenés suerte, esta misma noche ya los tenés disponibles. Si no, mañana seguro. ¿Qué pack querés? ¿el de cinco? ¿el de diez? Tengo uno de cincuent… —A ver… —lo interrumpí—. Todo bien con esto de los sueños. Te juro que me parece ingenioso y me hiciste la espera del tren más amena, pero te agradezco. —¿No querés sueños entonces? —No, gracias —le respondí mientras el tren empezaba a llegar al andén.

El tipo rezongó y empezó a caminar hasta que se perdió entre la gente que esperaba para viajar. Se abrieron las puertas adelante mío, subí a uno de los vagones y a los pocos segundos el tren arrancó. Me quedé pensando todo el viaje en lo que acababa de pasar. Después de un rato de analizarlo, llegué a la conclusión de que simplemente el tipo era un loco buscando plata.

Esto pasó hace más o menos seis meses. Y es al día de hoy que sigo creyendo que solamente se trató de un loquito que quería sacarme unos pesos.

Eso sí, no sé si se trata de una sugestión mía, de una casualidad de la vida o qué, pero desde ese día hasta hoy jamás volví a soñar con nada. No tuve nunca más un sueño lindo, ni una pesadilla, ni un sueño erótico. Nada.

Y me estoy empezando a preocupar.

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